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Categoría: Jovencitos
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En el campamento
Mi nombre es Luz. Tengo 35 años, pero hace aproximadamente 20 años atras, cuando era un adolescente tierna, despreocupada y alegre, me sucedio algo que nunca olvidare. Desde los 10 años de edad mis padres me enviaron de campamentos a lugares preciosos, en los que indefectiblemente terminaba enamorada, o algo asi, del coordinador de turno. Sin embargo, a uno de ellos recuerdo en particular, o mejor dicho, a dos. El primero, Ariel, con un cuerpazo moreno, grandes ojos color agua, casi transparentes, solia mirarme desde su posicion de guardavidas en la pileta del campamento. Notaba sus miradas, y no podia evitar corresponderle.
Dormiamos en carpas para dos personas. Mi compañera de cuarto se habia retirado a una carpa lejana a charlar con otras chicas. Quede sola. Profundamente dormida, de repente, senti un cosquilleo que no pude identificar al instante. Pensando que era una pesadilla, pero que sin embargo me resultaba muy placentera, abri los ojos, y vi a Ariel y a otro muchacho que no pude ver claramente, arrodillados uno a cada lado. Ariel me dice: he visto como me miras... creo que te gustaria que te acariciara, no es cierto? Asustada, no dije ni si ni no. El mismo respondio: yo creo que si, el que calla otorga. Acto seguido ordeno al otro chico que me atara las manos por encima de mi cabeza con una cuerda. Enseguida fui advertida de que no gritara, o, en caso contrario, se veria obligado a ponerme una mordaza. Estaba tan asustada, casi rigida, que obedeci, pensando que de esa manera no me harian daño ni me pondrian la mordaza. Ariel empezo a acariciarme los pezones con un dedo y me pregunto: te gusta? No me gustaba la forma en que lo estaban haciendo, pero mis pezones estaban poniendose rigidos. Me estaban delatando. Luego, empezo a jugar con ellos, a apretarlos, a estrujarlos, a pellizcarlos, tanto que ya empezaba a mojarme. Estuve ahogando pequeños gritos de placer... a cada jugueteo de sus dedos en mis tetas empezaba a retorcerme, a moverme, no podia evitarlo. Mientras, el otro chico, solo miraba y se tocaba. Uy, dijo Ariel, veo que te gusta, no me he equivocado... quieres que siga? No sabia que responder. Era una tortura lo que me estaban haciendo, pero tambien pense que seria una tortura dejarme ahi toda mojada. Timidamente asenti con la cabeza. Ariel dijo: asi que sos una putita barata? Ya veras el tratamiento que damos a perras calentonas como vos. Hasta ese momento me habia tocado por encima de la remerita del pijama. Me la levanto, saco un cuchillo, y casi sin darme cuenta rompio con el los breteles de mi corpiño. El otro seguia masajeandose... Dejo el cuchillo a un lado y empezo a recorrer mis pezones con la punta de la lengua en movimientos circulares. Empece a gemir, a veces resistiendome, otras entregandome. Asi, consegui que el otro me pusiera la mordaza. Estar atada, con la mordaza y viendome acosada por dos hombres me excito muchisimo mas. Ya no podia resistirme. Ariel continuaba con mis pezones, eran su obsesion, y tambien la mia. De repente empezo a morder uno de ellos mientras que el otro ya estaba en manos del otro tipo que ya no podia estar sin tocarme. Ambos estaban mordiendome los pezones, a veces muy suavemente, otras, con fiereza. Se excitaban cada vez mas, yo tambien. Estaba a punto de explotar. Mientras Ariel seguia con mis tetas, llenas de saliva, el otro tipo me saco la bikini con tal violencia que pude sentir las gomas de las tiras en mi carne. Empezo a besar mi clitoris con su lengua, primero muy despacio y con tanta suavidad que me estremecio hasta lo mas profundo de mi ser. Despues los movimientos se hicieron cada vez mas rapidos, mas profundos, mas violentos. Sentia su aliento calentisimo, su lengua inquieta, sus movimientos cada vez mas rapidos, cada vez mas, y mas rapidos y mas. Ya no podia soportarlo, estaba a punto de acabar. El tipo se dio cuenta y me dijo: no puta, vas a acabar cuando nosotros querramos, te damos placer, pero vos tambien tenes que darnos placer a nosotros. En ese momento, Ariel me ordeno que me pusiera en cuatro patas por encima del otro tipo. Este empezo a chuparme las tetas. Ariel dijo: ahora vas chuparme la pija hasta que yo te diga. Asi estuve un rato, chupando desesperadamente esa fuente inmensa de placer que me estaban negando. Necesitaba imperiosamente tener alguna de sus pijas dentro de mi, ya no me interesaba si la de Ariel o la del otro tipo. Ya no me importaba nada, solo queria acabar, necesitaba acabar. El otro tipo, paso su lengua por todo mi estomago, hasta nuevamente llegar a mi sexo, que estaba completamente mojado, palpitante y muy deseoso. Ariel se aparto y me dijo: ahora voy a mirar. El otro seguia dandole a mi clitoris con su lengua, pasando sus dientes por el, absorbiendo todos mis jugos, siempre dejandome al limite del orgasmo, cuando, de repente, me ordeno que me quedara en cuatro patas. Asi quede durante algunos minutos. Sentia a mis espaldas un sonido como que estaban refregando algo pero no lograba identificar que era. Al poco tiempo, el otro tipo me dice: esto va a dolerte, pero asi es como me gusta hacerlo, y como sos una pequeña puta tambien va a gustarte a vos. Me chupo el agujero del culo, puso un liquido aceitoso en el y me penetro con fiereza, tan violentamente que sentia que mis tripas se iban a escapar. Empece a llorar, me caian las lagrimas, pero en algun momento el dolor se convirtio en tan intenso placer que los gemidos terminaron siendo ruidos guturales ahogados por la mordaza pero que delataban mi excitacion.
Su pija era una ametralladora insaciable, bastante grande, tan dura como la piedra mas dura, que generaba tanto dolor y placer que me estaba desmoronando. Sentia golpear sus huevos en mi culo, yo me contorneaba, lo acompañaba para que la penetracion fuera lo mas profunda posible. El me mordia la espalda y me apretaba las tetas con sus manos. Yo estaba tan caliente, habian logrado calentarme tanto que necesitaba mas. Queria a Ariel en mi concha, que me penetraran los dos a la vez. Parece que Ariel se dio cuenta ya que hizo que me acostara encima de el con las piernas abiertas, mientras el otro no dejaba de bombear con alevosia. Ariel me serrucho como yo estaba esperando. Su pija era como la del otro tipo, potente, incansable, llenaba todo el espacio disponible, generandome tanto placer que perdi completamente el sentido del tiempo y del espacio. Siguieron asi solo unos segundos mas hasta que tuve varios orgasmos, uno mas profundo que otros. Cuando se percataron, salieron de mi y acabaron ambos en mi boca: no queremos dejar a nadie embarazada, me dijo el otro tipo.
Quede exhausta, ellos me desataron las manos y se fueron enseguida. Al otro dia, ya volviendo para casa y revisando mis cosas, encontre un papelito donde Ariel habia anotado su numero de telefono. Despues de 20 años, Ariel sigue dandome placer de vez en cuando, pero nunca quiso decirme quien era ese otro tipo a quien nunca antes habia visto. Tal vez alguna vez lo descubra y les cuente.



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