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Categoría: Azotes
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Practicando el sexo en la arena
Luis había decidido poner en practica uno de sus ansiados deseos. Siempre había querido ir a una playa nudista, pero su pareja nunca había sido de su misma opinión. Además no le parecía propio ir solo, por no mencionar que perdía toda la gracia al no tener a su pareja al lado. Esta vez podría satisfacer sus deseos. Desde que había conocido a Maite y esta decidió someterse a el y ser su sumisa Luis estaba poniendo en práctica todas sus fantasías.
Al llegar a la playa eligieron un sitio algo alejado de los demás, era la primera vez que iban y Luis temía que la situación lo excitase y su erección fuese visa por todos los presentes. Mientras se desnudaban Luis no quitaba ojo a Maite. Sabía que nunca había estado en una playa nudista y que no sentía mucha atracción por desnudarse en público. De hecho para Luis esta era otra prueba a la que la sometía.
La playa no estaba muy concurrida aunque había varias parejas a escasos metros y alguna familia algo mas alejada. Luis veía a Maite mirar la arena para evitar cruzar la mirada con alguien. Era evidente que se sentía muy incomoda. Podía ver la vergüenza que le daba desnudarse en un lugar público, abierto a la mirada de cualquiera. El rubor de sus mejillas fue evidente al quitarse el top que llevaba.
Maite no podía sentirse mas observada. Pensaba que toda la gente de la playa debía de estar mirándola. Sabía que tenía un cuerpo muy atractivo, suaves y muy proporcionadas curvas, pechos generosos y erguidos. El culo redondo y prieto. Sabía que más de uno de los hombres de alrededor y alguna mujer no debían quitarle ojo, esperando a ver su desnudez. El calor que sintió en sus mejillas al liberar sus pechos de la opresión del top no fue nada al lado de lo sentiría cuando se quitase el tanga, única prenda que en este momento conservaba. No pudo evitar una mirada a su Amo con la esperanza de que le permitiese conservarlo puesto. La mirada firme de el no dio ocasión a la menor duda. Maite bajo el tanga poco a poco hasta que se quedo como su madre la trajo al mundo. A pesar de la vergüenza que sentía guardó sus prendas en la bolsa con la mayor naturalidad y se tumbo en la toalla que su Amo le había extendido en la arena.
Luis no pudo evitar una sonrisa de satisfacción al ver como Maite se quitaba el tanga. Sabía lo que le estaba costando hacerlo y se deleitaba viéndola enfrentarse a su vergüenza. Para el era sumamente excitante verse desnudo en la playa junto a Maite, viendo al resto de la gente desnuda con la mayor naturalidad.
Una vez desnudos Luis se dispuso a ponerle la crema de protección solar a Maite. Comenzó por la espalda dando un pequeño masaje. Ella estaba muy tensa, por lo que le vino bien para poco a poco adaptarse a la situación y relajarse. Luis le puso crema en las nalgas, masajeandoselas, bajó por las piernas hasta llegar a los pies. Le hizo dar la vuelta y siguió poniendo crema por las piernas. Subió a los muslos, y se recreo un poco mas de lo necesario en la cara interna. Pasó a las caderas, el pubis, la barriga, subió por el ombligo hasta llegar a los pechos, donde también se recreo bastante. Sentía como los nervios de Maite iban desapareciendo, dando paso a una ligera excitación. Entonces le paso la crema a ella para que hiciese lo propio con el.
Maite comenzó también por la espalda. Bajo a los glúteos que masajeo descaradamente, deslizando disimuladamente un dedo hacia el ojete de su Amo, el cual dio un respingo al notarlo. Tan solo fue una caricia superficial pero suficiente para Luis que estaba empezando a notarse bastante excitado por la situación. Cuando Luis se dio la vuelta Maite comenzó de nuevo por el pecho, ancho y fuerte, la crema hacía que el vello se enredase formando rizos. Bajo por su estomago y su abdomen y al llegar a su sexo pudo notar que a su Amo le estaba gustando la sesión de playa. Al ponerle la crema la erección ya fue completa. Maite notaba crecer el pene en sus manos, cada vez más duro y poderoso. A Maite le encantaba la polla de su Amo y gozaba de la visión de ese falo esplendido, poderosa herramienta de placer. Sin embargo, estaban en un lugar público, por lo que Luis no tuvo mas remedio que tumbarse boca abajo para disimular y tratar de controlarse un poco. Ya llegaría el momento de dar rienda suelta a los instintos.
A continuación Luis saco dos libros. Uno para el y otro que había elegido para Maite. Este último, era de literatura erótica e incluía varios cuentos cortos. Se lo entrego diciéndole que debía leer al menos dos antes de irse. Así pasaron un buen rato hasta que la gente empezó a irse y quedaron solo otra pareja y ellos. La otra pareja se encontraba a bastante distancia y detrás de Maite por lo que apenas podría distinguir una posible erección de Luis.
Maite estaba excitadísima. La lectura le encantaba, la ausencia de gente la había relajado y estaba empezando a sentir serios deseos de masturbarse. En ese momento Luis le ordeno que dejase el libro y se tumbase sobre un costado, de cara a el. Ambos se encontraban cara a cara. Luis le acaricio las mejillas con dulzura, deslizó los dedos entre su pelo acariciando su cabeza, su cuello. Poso la mano sobre uno de sus pechos masajeándolo delicadamente, jugo con su pezón, lo acaricio y tiro levemente de el. A estas alturas sabia muy bien lo sensibles que eran los pechos de Maite y lo que estas caricias contribuían a su excitación. Continuo acariciando ambos pechos mientras la besaba dulcemente. Su lengua recorría sus labios, los atrapaba y se mezclaba con la de ella. Sentía su calor, su aliento y le encantaba el sabor de sus besos.
Su mano se deslizo entonces de sus pechos al coño. Nada mas pasar los dedos por el exterior noto su humedad. Separó sus labios y acarició la zona interna entre los menores. Maite comenzaba a agitarse, su respiración se aceleraba y empezaba a no poder contener algún que otro gemido. La mano de ella también se había deslizado a la polla de Luis. Este se encontraba completamente excitado. Su polla tenía un aspecto majestuoso, erguida y desafiante, perfectamente lubricada por jugos que recogió la mano de Maite. Ambos se masturbaban mutuamente, mirándose a los ojos (esta vez su Amo se lo había permitido). Entonces Luis empezó a frotarle el clítoris, despacio primero, acelerando poco a poco el ritmo. Cuando noto que Maite iba a correrse paró en seco. Como ella mantenía su posición sobre el costado derecho, cogió su pierna izquierda, levantándola y atrayéndola ligeramente hacia el. Le ordeno que se introdujese la polla y tan pronto la sintió en la entrada empujo con firmeza clavándosela tan hondo como pudo, que no fue mucho dada la postura. Entonces empezó a follársela tranquilamente, sin prisa, clavándole la polla lentamente pero tan hondo como la postura le permitía.
La playa estaba desierta, salvo por la pareja que se encontraba a espaldas de Maite. Estos ya se habían dado cuenta del juego que se llevaban y no les quitaban ojo, si bien la distancia les impedía apreciar los detalles. Luis podía verles por encima del hombro de Maite, la chica estaba cara a el y el chico, tras el cuerpo de su chica los miraba también. Luis hubiese apostado que se masturbaban, sin duda el espectáculo les estaba gustando.
Maite estaba en la gloria, sentía el falo de su Amo entrar y salir de ella, sentía su dureza, su vigor. La vergüenza había pasado y estaba gozando del morbo que le producía estar follando en la playa a pleno día. El orgasmo se acercaba, sabía que no podría aguantar mucho mas por lo que pidió permiso a su Señor para correrse. Este se lo dio, y apenas fue concedido Maite estalló en un torrente de placer abrazándose a su Amo, tensando sus músculos. Sus ojos se cerraron mientras el torbellino del orgasmo se desarrollaba en ella, su coño se contraía aprisionando el pene de Luis. En medio de ese magnifico orgasmo sintió arquearse el cuerpo de su Amo, sintió su mano en la espalda atrayéndola, juntando los cuerpos, abrazándose, sus músculos duros tensándose y el calor de su néctar disparándose hasta el fondo de su calido coñito.
Se quedaron un rato abrazados, acariciándose y besándose. Una vez relajados se levantaron y se bañaron, fundiendo sus cuerpos abrazados en el abrazo del cálido mar mediterraneo.

Autor: Javier
zoyo6@hotmail.com



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