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Categoría: Exhibicionismo
Valor de este relato: 3.55
Enviado por: gitano61


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Mi esposa, una Zorra Exhibicionista


Hola, nuevamente, y después de casi un año estoy aquí para contaros como nos va en nuestra nueva vida. Mi querida esposa ya ha leído el relato anterior que os conté (Puta y Zorra, categoría EXHIBICIONISMO) y me ha regañado porque dice que tenía que haber detallado más la historia. Si, dice que le hubiese gustado más que me hubiese recreado en detallar como gemía , como gozaba o como berreaba cuando era follada, etc.. Bueno, intentará mejorar, pero ya se sabe, cada uno escribe como sabe.

Pues desde que regresamos han pasado algunas aventuras, muy calientes por cierto. Uno de los detalles más bonitos es el armario de mi esposa. Ha cambiado totalmente. Lo más significativo es que no hay apenas ropa interior femenina, a excepción de dos o tres braguitas que tiene para los días de regla y alguna tanguita. Todo su armario está lleno de minifaldas, corpiños, camisetas ajustadas, pantalones de mallas muy ajustados, zapatos, botas y sandalias de tacones de aguja, medias de todos los colores y formas con sus ligueros y un montón de juguetitos sexuales.

Bueno, a lo que iba, desde luego lo de mi mujer es el exhibicionismo total. Desde que vio que se me ponía la polla tiesa y que babeaba como un cerdo cuando se viste como una puta guarra y va por la calle calentando pollas, pasa de los vecinos y de todo el mundo. Le encanta ponerse minifaldas de infarto y salir a comprar o a pasear o de fiesta, siempre sin bragas. Le dicen guarradas de todo tipo. Me he dado cuenta que cuando va conmigo siempre se atreve a más, no se si es porque se siente protegida o simplemente que le da morbo hacerlo delante de mí, yo creo que es por esto último. Le encanta por ejemplo, después de una buena sesión de exhibicionismo, hacerse unos dedos en la escalera de nuestro portal. El saber que cualquier vecino puede verla la pone mucho. Otra cosa que le gusta mucho es los sábados por la mañana, coger el tranvía, con billete de ida y vuelta en el horario de 16 a 17 horas de la tarde, ya que es gratis para los jubilados y se pone a tope. Imaginaos el panorama de un vagón lleno de abuelotes mirando embobados las piernas y el escote de mi mujer. Generalmente siempre hay algún caballero que amablemente le cede su asiento. Claro así sentada, a ver si se le sube más todavía la minifalda y se le ve todo. Si hace buena temperatura en la calle se suele poner camisetas de tirantes muy finos, alguna talla menos, de tal forma que las tetas parecen que van a explotar. La tela al ser tan fina y estar muy estirada deja transparentarse los pezones, que como va cachonda perdida, los lleva duros como piedras. Yo suelo acompañarla, aunque hacemos como que cada uno va por su lado. Me encanta oír lo comentarios de los vejetes “ que guarra….si no lleva bragas. Uffffff…..menudas tetas mas ricas………… Será una puta que va a trabajar……Joder, que piernas tiene y menudos labios tiene para chupar vergas……….” Y cosas así. Ella suele sacar una revista de moda que hace como que lee, así como distraída va moviendo sus piernas, y entre movimiento y movimiento, el que esté atento le ve el coño. Casi nunca pasa nada, aunque alguna vez se han atrevido a tocarla. En una de éstas, ella se dejo sobar en un principio. Los dos vejetes que tenía a cada lado, comenzaron por tocarle los muslos, luego las tetas por encima de la camiseta, y ya cuando le metieron la mano a al coño, la vi un poco apurada, ya que aunque le gustaba como los había puesto de cachondos, pensó que aquello se iba a desmadrar demasiado, y solo quería calentarlos. Así que le hice un gesto y en la siguiente parada nos bajamos. Cuando llegamos a casa estaba tan caliente que solo tocarle el coño se corrió como una cerda. Estuvimos follando como locos durante unas cuantas horas. Yo me corrí un par veces. Ella, después, tener uno cinco o seis orgasmos estaba más caliente que un horno. No podía entenderlo. Cuanto mas se corría mas caliente estaba. Yo ya no podía más y ella se metía de todo por el coño y por el culo. Así que le pregunté que le gustaría hacer y me dijo que la llevase al monte. Estaba ya oscureciendo.

Bajé al garaje para sacar el coche. Cuando llegué al portal allí estaba ella esperándome. Se había puesto una chaqueta de lana fina, de color blanca que le llegaba a medio muslo, anudada a la cintura con un cinturón de tela. En los pies llevaba unas sandalias rojas con alzas de tacón de aguja. Tardamos unos 13 minutos en llegar a la carretera que subía al monte que esta cercano a nuestra urbanización. Ella no hablaba, iba con las manos entre sus piernas y con los ojos cerrados, metiéndose con suavidad los dedos. Me desvié por una pista forestal y llegamos a una zona donde los fines de semana la gente le gusta ir a asar carne y a pasar el día. No había nadie. Había un mirador, desde donde se veía la ciudad. Ella salió del coche se quitó la chaqueta. No llevaba nada debajo. Sacó de su bolso un collar de perro negro, con púas, de esos que se usan para los de raza peligrosa que se puso en el cuello. Me miró y me dijo “ ke….tengo cara de perra….pues eso soy……… una PUTA PERRA viciosa” También sacó una polla de lates, negra y gorda. Y así, desnuda comenzó a pasearse por el campo tocándose los pezones y metiéndose la polla en la boca, como si la mamase, mientras me decía” te gusta tu PUTA?......siiiiii……..? Te gusta que me vean y me follen verdad CABRÓN. Siiiiiiiiiiiiiiiiii……..que me follen…….eso es lo que quiero………..pollas, muchas pollas, para que llenen de leche a tu putita……….Ehhh, te gustaría que viniese alguien y que me viese así de caliente? Pues ojala aparezca alguno……….yyyyyyy…..ahhhhhh……….ummmmmm, me corro hijo puta……..me corro como una PUTA PERRA……………….ohoooooooooooooohhhoooooooo”. Allí estaba ella tirada en la hierba con el enorme consolador entrando y saliendo de su encharcado chochete, mientras se frotaba el garbancito con rabia. Tuvo un inmenso y largo orgasmo. Luego se puso a cuatro patas y sacándose el consolador lo metió en su boca y lo chupo con vicio y lujuria, mostrando su lengua y sus labios de una forma provocativa mientras se comía todos sus líquidos y lo dejaba limpio y brillante. Que pena de cámara de fotos!!!! Cuando quise utilizarla se quedó sin batería. Me hubiese gustado haber tenido un recuerdo de aquello.

Me preguntó si me había gustado. Y nos besamos como dos cerdos. Luego me agarró de la cintura y me dijo que quería pasear. Íbamos por la pista andando, ella completamente desnuda, solo llevaba el collar, las sandalias y la polla en la mano. Me daba un morbo terrible y se me notaba el bulto de mi pantalón. Me dolía, era mucha tralla para mi. Ella me sobaba y me decía “ te pone verme a si de PUTA, verdad cariño?....Estoy súper cachonda. Te gustaría que apareciesen un par de coches llenos de tíos y que me follasen aquí, delante de ti……..a que si? Ummmmmmmm …………que pervertido eres!!!!!”. Para entonces ya habíamos llegado a la carretera. Ella estaba espléndida. Al fondo se veían las luces de la ciudad y en primer plano el PUTÓN de mi mujer. Parecía una prostituta haciendo la carretera por donde van los camioneros. Apoyándose en el guarda rail, me enseñaba el culo, o se ponía a horcajadas mostrándome como meaba. Y nuevamente se metió la polla de látex y se volvió a dar gusto. Gritaba como una puerca y se volvió a correr como una perra en celo. Que GUARRA!!!!!. Entonces me dijo que quería irse andando, sola, hasta el final de la carretera. Que yo me marchase solo y la esperase al final. Ella quería ir andando, desnuda, deseaba que alguien la viese y se la follase. Estaba decidida. Si, baje, todo lo rápido que pude, pero solo hasta la mitad. Aparqué y volví sigilosamente a ver que hacía. La guarra de ella ya estaba otra vez enganchada y chillando “ Que PUTA soy, venga ………….venir a follarme cabrones, quiero pollas”. Estaba llamando la atención como fuese. Tardó bastante en bajar, como una media hora. En lo que yo vi, se hizo otras dos pajas más y luego imagino que alguna más en el final del tramo, ya que yo estaba esperando en el coche. Cuando entró, me dijo que no había tenido suerte, que nadie se la había follado. Y poniendo los pies en el salpicadero volvió a meterse el falo negro en su chochazo y abriendo la ventana, gritaba obscenidades mientras se follaba así misma. Yo iba conduciendo y aquello fue todo un espectáculo, para mi y para los conductores con los que nos cruzábamos.

Espero que os haya gustado. Esperamos vuestros comentarios.





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