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Categoría: Infidelidad
Valor de este relato: 3.16
Enviado por: anonimo38


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en el servicio militar


Hola como están? finalmente me decidí a escribirles. Los conocí hace ya un tiempo cuando tome el gusto por leer relatos. Voy a ser sincero; no tengo en mi vida grandes relatos pero hay algo que paso hace unos años que siempre recordamos con mi esposa como muy excitante ahora, en su momento fue el causante de nuestra separación durante casi un año mientras estábamos de novios. Ahora pudimos superarlo y estamos casados y enamorados. Voy a presentarme, soy un hombre de treinta y ocho años igual que mi señora; ella es de cabello castaño, bonita, buen cuerpo realmente no puedo quejarme. Yo según dicen también soy atractivo. Bueno, a mis 18 años me toco hace la conscripción, el servicio militar. Me toco en suerte viajar al sur. No voy a dar muchos datos, era la colimba en un cuartel alejado kilómetros del pueblo más cercano. Me despedí de mi novia, Marta, nos íbamos a extrañar, estábamos enamorados.

Cuando llegue encontré un grupo de compañeros muy bueno, enseguida hice amistad con todos, especialmente de un muchacho llamado Ramiro que vivía en Rosario, nos llevamos muy bien de entrada y nos hicimos compinches rápidamente, nos tocaba hacer largas horas de guardia juntos. Si bien el lugar no era malo lo que faltaban eran mujeres y a los pocos días notamos que las íbamos a extrañar mucho. Yo estaba acostumbrado a tener relaciones día por medio con Marta y esto me estaba matando. Con este chico cuando nos quedábamos solos hablábamos de todo y finalmente tocábamos el tema sexo. Con la confianza que da el hablar mucho empezamos a contarnos de nuestras novias, mas adelante comenzamos a contar detalles y esto terminaba excitándonos. Yo le contaba de Marta, mi novia, que su atributo principal es un hermoso par de pechos y el me contaba de la suya que según él tenia un culo de novela.

Habían pasado varios días y revisando un armario en la posta encontramos una revista porno que estaba buenísima, realmente nos calentamos muchísimo, se notaba en nuestros bultos que intentábamos disimular en vano uno del otro. Tanto que Ramiro me dijo que no lo escondiera mas que total el también estaba al palo. Nos reímos mucho de la situación. Miramos la revista comentándola, aún recuerdo que se trataba de una rubia espectacular que se acostaba con un mecánico. Seguimos viendo la revista mientras en silencio masajeábamos nuestros respectivos bultos por encima del pantalón. Ramiro me pregunto, ya que no había lugar donde apartarse, si no me molestaba que se masturbe. Sinceramente quede asombrado, pero teníamos confianza y éramos grandes, así que accedí. Se acomodo en el banco puso la revista sobre la mesa y comenzó. Nos quedamos en silencio mientras el se masturbaba, yo miraba la revista, que repito era buenísima, y observe que mi amigo tenia un buen pedazo, una pija realmente grande, colorada con unas venas enormes; estaba confundido por la situación y dudando de la sexualidad de mi amigo. Comenzamos a hacer comentarios sobre la mina de la revista; me calenté mucho y en un instante de locura decidí también masturbarme, me senté en una silla a su lado frente a la revista y comencé. Acabamos rápidamente y decidimos ponernos en campaña para conseguir más revistas porno.

Esto se convirtió en nuestro hábito, claro que hicimos progresos, un día Ramiro consiguió otra revista, también muy buena, en ésta dos muchachos se comían una morocha muy buena. Nuevamente nos excitamos mucho.
-Otra noche sin mojar dijo Ramiro. Yo le comente que ya no aguantaba; el comento que estaba harto ya de pajas y necesitaba una hembra. Me sentí incómodo con la charla y ya estaba muy caliente, así que me desabroche el pantalón y comencé a masturbarme.
Fue cuando el me propuso, sobándose el paquete que ya le marcaba un bulto increíble, masturbarnos mutuamente.
Le pregunte si estaba loco y ya comencé a pensar que era puto, aunque realmente no lo parecía.
El me explico que él y yo estábamos muy calientes, que nos podíamos ayudar mutuamente y nadie se iba a enterar, ya que no aguantaba más la situación. Me sentía caliente, como hipnotizado. Increíblemente le pregunte si nadie se enteraría y le aclare que seria solo por esta situación. Aclaradas mis dudas, saco su pija, siempre presumía de tenerla grande y así era. Accedí con un movimiento de cabeza y nos acomodamos juntos frente a la revista, El plan era que yo lo masturbara a él y luego él a mi. Muy temeroso apoye mi mano sobre él y sentí la dureza de su rabo. Estaba muy asustado pero también noté que me agradaba aquella sensación, era la primera vez que tocaba una pija que no fuera la mía, tenía entre mis manos un pedazo increíble y comencé a pajearlo primero lentamente y luego frenéticamente. Acabo como un caballo en mis manos y luego él me masturbo a mí que acabe enseguida salpicando por todos lados. La pasamos bien.

Al tiempo fuimos un poco más lejos, esta vez el comenzó masturbándome hasta que me propuso chuparmela a cambio de que luego yo se la chupara a él. En ese momento mi calentura era máxima y solo quería que se la metiera en la boca y accedí. Me la chupo bastante bien y termino masturbándome para que acabara como un desesperado, sin dejar de mirar la revista que tanto nos calentaba, intentando convencerme que el motivo de mi calentura era la mina de la revista. A esta altura ya no tenia dudas que mi amigo era puto. Ahora yo debía cumplir. Acobardado agarré su pija y comencé a pajearle lentamente. La verdad es que me estremecía tener aquello en mi mano. Ramiro me agarro del pelo para intentar que se la chupase, diciéndome que debía devolverle el favor. Al principio intenté resistir pero entendí que era lo justo si yo lo había disfrutado a él antes. En realidad mi preocupación en ese momento era que nadie en el mundo se fuera a enterar de lo que estábamos haciendo. Así que abrí la boca y él aprovechó para hundirme su rabo. Sentí toda la boca llena, Ramiro se dedicaba a darme empellones que hacían que su glande tocara mi garganta mientras seguía apretando mi cabeza hacia abajo.
Pasamos así un par de minutos y para mí sorpresa y la suya, aquello me empezó a gustar y comencé a succionar aquella enorme pija.
- Qué putita divina sos, te está gustando. - dijo - Así zorrita, cómeme.
Yo estaba ya como loco, empecé a masajear sus testículos, que eran también muy grandes, con una mano mientras que con la otra pajeaba esa poronga que tenía entre los labios. Ramiro relajó la mano que agarraba mi cabeza y se dedicó a disfrutar de la mamada que le estaba propinando. Mi pija estaba nuevamente dura como una piedra y decidí pajerame así. Eso lo puso tremendamente cachondo. Volvió a presionar mi cabeza, esta vez con las dos manos, a la vez que comenzaba un metesaca brutal en mi boca y en unos segundos acabó abundantemente en mi garganta mientras gemía y me gritaba todo tipo de insultos. Su semen era viscoso y me dio impresión pero me trague casi todo ya que seguía forzando mi cabeza contra su pija, mientras yo acababa con mi soberbia paja.

Ahora, ya no dudaba que él era realmente un maricon que se aprovechaba de la situación, ya que a mi siempre me han gustado las mujeres. Sin embargo debo reconocer que casi siempre que nos encontrábamos en la posta, después de mirar juntos las revistas que conseguíamos, terminábamos con el sentado en la silla mirando las minas de la revista y yo chupándole la pija, los huevos y masturbándome a full hasta sentir su leche en mi boca.

La pasamos muy bien. Finalmente el servicio militar termino y llego la hora de volver. Estaba muy contento, volvería a ver a mi amada Marta. Regresamos en micro y recuerdo que en una parada decidimos con Ramiro ir al baño para realizarle una chupada de despedida. Nos encerramos en un gabinete y me arrodille para comer esa pija enorme. Mientras se la chupaba y él disfrutaba de mi fellatio escuche ruidos en los gabinetes vecinos, eran dos chicos que también volvían a sus casas después de la baja del servicio que se habían subido a los inodoros vecinos para espiarnos sobre los tabiques divisorios. Enseguida se bajaron, golpearon la puerta del retrete y Ramiro los hizo entrar. Ya tenían sus pijas durísimas en sus manos y no me dieron tiempo a negarme. Cuando lo quise pensar estaba chupando de rodillas tres pijas. Acabaron rápidamente, Ramiro con poca leche, pero los otros dos chicos eyacularon un montón de leche espesa y viscosa.
Esa fue mi última experiencia con gente de mi mismo sexo.
Ya en la estación me vino a recibir Marta, nos saludamos como nunca antes. Ella estaba desesperada y tuvimos sexo esa misma tarde, no aguantaba más. Yo me sentía excitado y culpable a la vez.

Días después Marta me pregunto como había aguantado todo ese tiempo sin hacer el amor, yo no quise engañarla y le confesé, solo en parte, como había descargado mi calentura cuando estuve en el sur, le conté que en alguna oportunidad con otro chico nos masturbamos mutuamente y que hubo algún sexo oral ocasionalmente. Ella no podía creer lo que escuchaba. Tampoco quiso ocultarme nada y me confeso que a los meses de yo estar tan lejos se dejo seducir por un muchacho compañero mío del club con el cual yo me encontraba enemistado. Me contó que aprovechando un día que ella estaba muy triste y me extrañaba el aprovecho para besarla y aunque durante varios días se negó termino un sábado en una fiesta besándose con él y finalmente chupandole la pija en un zaguan. Ella se sentía muy culpable pero no aguantaba su necesidad de amor y otro día en el coche de él terminaron cogiendo. A partir de ese día cogieron varias veces más hasta que se entero que yo volvía y corto la relación. Me contó que este muchacho tenía un pene enorme, cosa que yo ya sabía por compartir vestuario con él en el club.
La situación fue muy incomoda para mi durante un tiempo ya que este muchacho le contó a muchos chicos de mi grupo todos los detalles de sus cogidas con Marta y de cómo a pesar de su negación al principio termino cogiendosela varias veces y el muy poco hombre contaba como le había acabado en la boca, la concha y hasta el culo, cosa que yo hasta ese momento no había conseguido hacerle
Ese día nos peleamos y estuvimos un año entero separados hasta que nos perdonamos y volvimos a juntar. Así seguimos hasta ahora, juntos y con dos hermosos hijos. Por eso siempre que leo historias de infidelidades creo que no necesariamente deben terminar con la relación


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