|
Capítulo 2: La Casa del Placer
Luego que llegáramos a la casa, notando que no había ningún vehículo estacionado en el garaje a diferencia del nuestro, obligué a las 3 féminas, madre e hijas, a bajarse del auto a punta de pistola. Le quité la mordaza a la chica de 20 y le desaté las manos. Les ordené a las 3 quitarse toda la ropa, a escepción del sostén y de la braguita. Ordené a la madre recogerla del suelo y la metiera dentro del vehículo. Procedí luego a atarles las muñecas por la espalda, dándole varias vueltas con la cinta adhesiva que llevaba conmigo. Las obligué entonces a entrar a la casa, primero la chica de 18 años, luego la de 20 y por última la madre. Le pedí amablemente que me llevara hasta la cama matrimonial de 2 plazas donde ella y su esposo dormían. Fue ahí que recordé y pregunté, “¿Oiga señora usted es casada?”. Ella afirmó con su cabeza. Le dije entonces: “¿Y dónde está él ahora mismo?”. Me repondió que llegaría tarde en la noche, ya que se encontraba trabajando y no podía precisarme la hora exacta de su llegada.
Estando en aquel cuarto, decidido entonces, tiré a las chicas a la cama y obligué a la madre a arrodillarse frente a mí. Pusé a las chicas de rodillas, enseñándome sus ojetes vaginales y procedí a quitarle a ambas la diminuta tanguita que llevaban puesta. Sus váginas se veían de maravilla por encima de aquella prenda íntima y comencé a chuparlas con gran devoción. Entonces le dije a la madre: “Bien me dijiste en la guagua que hiciera lo que viniera en gana contigo, pues bien, eso haré”. Primero me quité por completo el pantalón para estar más a gusto e hice luego asomar mi verga. Mostrándole el revolver a la madre le desaté las muñecas y la obligué a hacerme una paja y a masajearme las bolas. Wow, que placer me daba esa mujer, era como ver la gloria. La madre débilmente me frotaba y apretaba las bolas rítmicamente, lo cual me producía un placer inmenso. Al mismo tiempo me pajeaba lentamente y metiéndose mi verga a la boca, repasaba con su lengua mi falo, al igual que la punta de mi pene. Movía su cabeza de forma circular y chasqueaba con su lengua mi verga. Era indescriptible lo que estaba sintiendo. Creo que ni la mejor actriz porno me produciría el placer que aquella mujer me estaba haciendo sentir.
Luego de estar así, por largo rato, decidí que ya era hora de que las chicas formaran parte del juego. Le até nuévamente a la madre las muñecas a la espalda y comencé primero con la chica de 20. Acerqué el rostro de la madre al culo de la joven y la obligué a lamerle su culo, lo cual a principio asqueaba con la boca, negándose a mi petición. “Mire señora más vale que coopere o le meto el cañón de mi revólver por el culo, ¿Usted decide?”. Con lágrimas en sus ojos cedió ante mis órdenes. Le chupaba el culo a la chica, primera léntamente, pero luego lo hacía con una pasión tal que me excitaba enormemente. Siguío así largo rato, hasta que me aburrí de aquel espectáculo, a pesar de que la muchacha emitía algunos gemidos de placer, por lo que decidí de una vez que la chica de 18 participara. Agarré a ésta del cabello y le dije. “Me vas a hacer caso en lo que te diga, está bien. Ella con ojos sollontes afirmó con la cabeza. “Anda besa a tu madre en la boca”. Wow, para qué fue eso, lo hacía de una manera espectacular. Aquella chica le daba un beso de lengua a su madre de forma casi apasionada, tal vez temerosa de que cumpliera mis amenazas. Mientras tanto, yo masturbaba a la señora con fuerza delante de la chica de 20, usando 2 de mis dedos. Así estuve largo rato, hasta que la madre, sin poderlo disimular, llegó al orgasmo, pues se ve que la zorra se había excitado bastante. Como la madre estaba ya fogosa, decidí aprovechar esa oportunidad para que sea la primera en cogérsela. La puse frente a mí y le entré de lleno a su vagina. Comienzo con el vai vén agarrándola de sus caderas. Le quité el sostén y comencé a devorarme sus tetas con gran devoción. Obligué también a la chica de 18 lamerme las bolas y a la de 20 que me diera un beso de lengua. ¡Increíble, estaba viviendo una experiencia única con semejante show! Jámás pensé que me pasara algo así en mi vida, cogiéndome a una señora que estaba realmente buenísima, su hija succionando mis bolas y la otra, dándome un beso de lengua. A la madre se le notaba en la cara que estaba a punto de tener otro orgasmo ya que comenzó a emitir gemidos de placer. Yo estaba a punto de explotar, ya no podía agüantar más, así que le saqué la verga de la vagina y obligué a la madre a chupármela. Me vine casi enseguida, al sentir su lengua rozando la punta de mi pene, dentro de su boca y le advertí que se la tragara por completo. Todo había salido muy bien. Wow, estaba exhasto de tanta actividad sexual, necesitaba descansar un rato.
Decidí atar a las chicas de espaldas unas con otras y las amordacé, para asegurarme que se mantuvieran calladas. Luego las metí en el “Walking Closet” ubicado en la misma habitación, asegurándome antes de que no tuvieran nada para liberarse, ni ningún tipo de comunicación. Decidí entonces atar con la cinta adhesiva que llevaba conmigo a la madre en la cama matrimonial. La puse boca arriba, desnuda, con los pies atados, maniatada a la cabezera de la cama y amordazada. Me recosté al lado de ella y después de jugar un rato con sus pezones, quedé rendido ante el sueño. Al levantarme, el día se había ido y la noche se había asomado. Me levanté algo asorado. Luego de recoger mis cosas para irme de aquel lugar, oí súbitamente que un vehículo se aproximaba a la casa de aquellas mujeres.
Continúa en el Capítulo 3…
|