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Categoría: Dominacion
Valor de este relato: 4.30
Enviado por: Xblanck


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mi familia en mi infancia


Hola me llamo Adela tengo 21 años, vivo en Sevilla, esta historia esta dedicada a todas aquellas personas que se sienten atraídas por niños y niñas.
Tenía el pelo castaño, de piel morena ojos verdes, delgadita, y alta, el pelo lo tenía corto.
Todo empezó cuando tan solo tenía ocho años, yo estaba enamorada de un amigo de mi papá, que solía venir casi cada día a nuestra casa.
Cada vez que venía a casa me ponía muy contenta y me subía encima de el, me sentía muy cómoda con el y sobre todo sentía un cosquilleo cuando sin querer rozaba mi cuquita con sus rodillas.
Alberto que así se llamaba el amigo de mi padre, jugaba con mis hermanos y conmigo.
Una noche de verano me desperté sobresaltada, yo suelo dormir solo con un camisón.
Aquella noche el camisón lo tenía completamente levantado, y tenía la sensación de haber sido tocada en mi cuquita.
Me volví a acomodar el camisón, cerré la puerta, la ventana y volví a tumbarme en la cama, intentando reconciliar el sueño.
Al día siguiente no ocurrió nada. Pero por la noche sorprendí a mi padre subiéndome el camisón para verme la cuquita.
El salió corriendo hacia la sala yo me quedé petrificada, no sabía que pensar, tal vez lo hubiese imaginado.
Me quede pensando en lo que acababa de pasar.
Durante una semana mi padre evitaba estar donde estaba yo, parecía avergonzado
Aunque no recuerdo cuantas noches pasaron, cierta noche mi padre volvió a aparecer en mi habitación, esta vez no me toco ni me levantó el camisón, solo me despertó y me pidió que lo acompañase a la sala, que quería hablar conmigo.
Me levanté de la cama y lo seguí hasta la sala donde me pidió que me sentase.
Eran las tres y media de la mañana.
El se sentó en el sofá a mi lado y retorciéndose los dedos de la mano me pidió que le guardase un secreto que se disponía a contarme.
Le dije que le guardaría el secreto.
El comenzó por pedirme perdón por lo ocurrido aquella noche, y me dijo que yo le gustaba y que por eso había querido tocarme la cuquita.
Me quede un rato intentando asimilar las palabras que me había dicho mi padre. No podía ser, era mi papa el que me tocaba mi cuquita porque yo le gustaba.
Aparte de ser mi papa era un hombre mucho mayor que yo.
Le pregunté que como podía ser que yo le gustase, si era su hija.
Me agarró de las manos y mirándome a los ojos me dijo que no sabía el porque, pero que le gustaba y que cada vez que me veía le entraban ganas de besarme y de tocarme la cuquita.
No sabía que sentía, pero estaba asustada, no comprendía nada.
En ese momento mi papa me cogió y me dijo que me sentase sobre el, y comenzó a tocarme la cuquita.
Yo me quede congelada, no sabía que hacer si decirle que no, apartarme o dejarlo hacer.
Estaba pensando en como reaccionar, pero para cuando quise darme cuenta, estaba experimentando un placer nunca antes sentido.
Estaba tumbada con el camisón completamente levantado, y mi padre me estaba chupando la cuquita.
Me dejé hacer, estaba muy confusa, las revelaciones de mi padre, el placer nunca antes experimentado chocaban entre sí.
Tenía ganas de gritar de tanto gusto, sentía mi cuquita completamente mojada, la cara de mi papa me arañaba un poco mi cuquita y mis muslos.
De pronto dejo de chuparme la cuquita y se sacó su pito, tenía un aspecto raro, ya le había visto el pito antes, pero no estaba igual, estaba gordo y blandito.
Me dijo que me lo metiese en la boca y que no lo mordiese.
Le dije que no quería que me daba asco.
Se arrodilló sobre mí, puso su pito sobre mi boca y empujó hasta que abrí la boca.
Aquella mole de carne gorda entró en mi boca, apenas entraba en mi boca y la chupaba como podía, era inevitable que le rozase con los dientes, aquella mole iba creciendo y endureciéndose a medida que la chupaba.
Cuando estaba completamente dura la sacó de mi boca y me hizo abrirme todo lo que pude de piernas.
Su pito era tremendamente grande y gordo, puso la punta de su pito en la entrada de mi cuquita.
Fue empujando y metiendo su pito dentro de mi cuquita, al principio solo notaba como me entraba. Pero de pronto un dolor horrible inundó mi cuerpo, como si me partiese en dos.
Un grito desgarrador escapó de mi garganta sin ser consciente de lo que había hecho.
Mi padre tapó rápidamente mi boca con la mano impidiendo que se emitiese mi grito de auxilio.
El seguía metiéndome todo su pito dentro de mi cuquita, hasta tener todo su pito dentro.
Yo no podía resistir el dolor, era un dolor intenso y agudo, no podía dejar de llorar y no podía dejar de pensar porque mi padre me estaba haciendo todo eso. Mi padre seguía sacando su pito y volviendo a meterlo.
Mi dolor no cesaba y deseaba que terminase pronto todo aquello.
La verdad que no se cuanto tardó todo aquello pero por fin empujó con fuerza y noté como un líquido caliente entraba en mi cuquita.
El empujó un par de veces más pero con menos ímpetu. Cuando saco su pito estaba como antes gordo y blandito y de su punta salía un hilo de un líquido blanquecino. Pude ver que en su pito había restos de sangre.
Comenzó a meterme en la cuquita parte de su dedo, como si quisiese que no se saliese algo de mi interior.
Después fue a por un papel y se limpió, después me limpió a mí.
Me besó en la boca metiéndome su lengua y mirándome a los ojos me dijo que le había hecho muy feliz y que me quería mucho.
Se despidió de mi diciendo un hasta mañana cariño.
Yo me fui a mi cama aun llorando y temblando. Pensando y deseando que todo hubiese sido parte de una pesadilla.
Cuando me desperté note que mi camisón estaba manchado de sangre, así que sin que nadie me viese me fui a la ducha me di un baño y me puse un camisón limpio.
Me sentía sucia por mucho que me bañase.
Mi padre no dejaba de mirarme de una forma extraña, entre complicidad y felicidad.
Por la tarde mis padres bajaron a la playa con mis dos hermanos pequeños.
Me quede sola en casa y me puse a pensar en todo lo que me había ocurrido y el porque.
No tardó mucho en aparecer mi hermano mayor por casa con un amigo.
Mi hermano se llama Carlos de 14 años y su amigo Juan de la misma edad.
Me saludaron los dos y se fueron a su cuarto.
Yo fui a mi cuarto para buscar ropa, porque me quería volver a duchar.
Aparecieron los dos en mi habitación y mi hermano me dijo que me había visto con papa y que se lo iba a decir a mama si no hacía lo que el quería.
Yo le imploré que no dijese nada a nadie que haría lo que me dijese.
Me dijo que les tenía que hacer lo que me había visto hacer con papa.
Le dije que me pidiese cualquier cosa menos eso, que no lo quería volver a hacer.
Me dijo que no me preocupase que cuando volviese mama hablaría con ella.
Le dije que lo haría pero que no dijese nada.
Ambos como si estuviesen compenetrados se desnudaron al instante.
Yo me quite la camiseta y las bragas y comencé a chuparles el pito.
Eran más pequeños que el pito de papa.
Los metía en mi boca primero el de Carlos y después el de Juan.
Los dos no paraban de gemir.
Juan me dijo que me pusiese a cuatro patas.
Carlos se tumbo en la cama y me dijo que siguiese chupándosela mientras me ponía a cuatro patas.
Juan me toqueteaba el culo y la cuquita..
Me pidió que me separase los cachetes del culo.
Así lo hice, pude notar como acomodaba la punta de su pito en el agujero de mi culito.
Comenzó a empujar y noté como su pito entraba en mi pequeño agujero.
Seguía metiendo y sacando casi todo su pito dentro de mí.
Carlos sacó su pito de mi boca y como pudo se deslizo por debajo mía hasta que su pito quedó a la altura de mi cuquita, buscó con su mano la entrada de mi cuquita y fue guiando su pito hasta la entrada.
Le costó trabajo meterme el pito en mi cuquita, pero lo consiguió y me metían los pitos con mucha fuerza, notaba como sus pitos se rozaban el uno con el otro, no puedo decir que disfrutase de aquello, pero si me entró curiosidad y he de reconocer que algo de placer sentía.
Pronto a los dos le pasó lo que a mi padre, Carlos me echó ese líquido dentro de mi cuquita, Juan no tardó en sacar el pito de mi culito. Cuando me puse de pié note como un líquido resbalaba por mis muslos, y procedía de mi cuquita y de mi culito.
Mi hermano me dijo que iba a ser su putita y que iba a follar con el y con todos los amigos que el quisiera.
Tal como salieron de la habitación yo sin vestirme me dirigí al cuarto de baño y comencé a darme una ducha, < ¿Cómo me voy a convertir en la putita de mi hermano?>.
En ese instante apareció nuevamente mi hermano y le dije que me dejase en paz que me quería duchar.
El no me dijo nada, me dijo que quería hablar conmigo.
Yo tapándome con la cortina de la ducha (como si no me hubiese visto desnuda). Le dije que hablase.
Me dijo que lo sentía que aunque no podía hacer nada que sentía lo que había hecho y dicho, que se sentía mal, que nunca más me chantajearía más y que si el podía hacer algo por mi lo haría. Que no sabía muy bien porque lo había hecho, y que se había peleado con Juan por lo que acababan de hacer.
No sabía si creerle, le pedí que saliese que me terminaba de duchar y hablábamos.
Mientras me estaba duchando, pensaba si mi hermano estaba arrepentido, no sabía que pensar me había penetrado y dejado que su amigo me penetrase, también me había dicho que sería su putita.
Terminé de ducharme y me envolví en la toalla y me fui a la habitación.
Me dirigí a mi habitación envuelta aun en la toalla y allí estaba mi hermano sentado en mi cama.
Me senté a su lado y le pregunté porque había hecho eso si después se iba a arrepentir.
Me dijo que estaba enamorado de dos personas, que una de ellas era yo y que la otra era Juan.
Tardé un buen rato en entender parcialmente su respuesta.
Le dije que entendía que quisiese hacer esas guarradas con su amigo pero que porque conmigo.
Carlos se puso rojo y me preguntó que si recordaba los baños en la piscina en la casa de Sevilla.
Le dije que sí y por fin entendí.
Siempre me tocaba en mi cuquita y se iba corriendo al cuarto de baño.
Yo alguna vez le había tocado sin querer y siempre lo había tenido tan duro como cuando me hizo que se la chupase.
Le pregunté por curiosidad por que se iba al cuarto de baño.
Me dijo que para hacerse una paja, que se ponía mil cuando me tocaba y se tenía que pajear para correrse.
Aunque me imaginaba que era, no estaba segura y le dije que se explicara.
Se sacó el pito y lo empezó a hacer delante de mí.
Aunque la tenía muy chiquitita al principio, fue creciendo y cogiendo un tamaño considerable, su mano que rodeaba su pito subía y bajaba a una velocidad grandísima.
Su cara se contorsionaba, gimiendo débilmente, dejando muecas de estar expirementando mucho placer.
Sinceramente me apetecía tocársela y chupársela, pero me contuve y disfruté cada segundo visualizando el pito de mi hermano.
Tardó un poco pero por fin ocurrió y de su pito salió un líquido blanco a chorros llenándole la mano y salpicándome un poco.
Esto es lo que hacía en el cuarto de baño.
Pero porque?
Me dijo que porque deseaba hacer el amor conmigo y que como no podía hacía eso.
Me toqué uno de las gotas de ese líquido blanco que había caído sobre mí y lo probé, no estaba malo, tenía un gusto bueno, algo raro y salado pero estaba bueno.
El se quedó mirando lo que hacía, me dijo que cada vez que me veía tenía ganas de tocarme y hacerlo conmigo y que cuando me vio haciéndolo con papa se puso muy caliente.
Le dije que lo que estaba haciendo papa y el no estaba bien que éramos una familia y que eso no estaba bien.
Me dijo que papa lo había hecho con el y con los dos pequeños también lo había hecho.
Le pregunté como papa podía hacerlo con el si también tenía pito.
Me explicó que le metió un dedo en el culo y después le metió todo el pito dentro y que terminó echándole le leche en el culo y en la boca..
No me lo podía creer mi padre se acostaba con todos sus hijos.
¿ Y a Rocío también se la mete por su cuquita?, ella es muy chica y la debe destrozar solo tiene seis años.
Sí a ella también, lo que no entiendo por que a ti tan tarde a mi me lo hace desde que cumplí los cinco. Me dijo Carlos.
No pude evitarlo y abracé a mi hermano, sin darme cuenta la toalla se calló y solo me tapaba parte de los muslos.
Mi hermano se separó un poco y se quedó mirándome a los ojos y sin decir nada me beso en la boca.
Fue mi primer beso.
Sin saber el motivo me entregué al beso quedando los dos tumbado sobre mi cama.
Yo tumbada en la cama completamente desnuda y mi hermano con sus calzonas por las rodillas.
Nos seguimos besando lenta y suavemente, era tan tierno.
Me comenzó a acariciar todo el cuerpo, era delicioso con la suavidad que lo estaba haciendo con mucha ternura.
Yo también comencé a acariciarlo, nunca me había fijado en lo fuerte que estaba mi hermano, se le notaba cada músculo del cuerpo, cuando toque su pito aun estaba mojado por ese liquido blanco pero estaba nuevamente duro como una piedra.
Comenzó a besarme el cuello, bajando hasta mis pechos inexistentes, y terminó chupándome la cuquita.
Yo me dejé hacer, todo aquello estaba siendo muy especial para mí, y no sabía el porque.
Mi hermano me chupaba mi cuquita como lo había hecho nuestro padre, pero yo estaba disfrutando muchísimo mas que con papa.
Me encantaba lo que me estaba haciendo, le dije que mientras el me chupaba la cuquita yo le podía chupar el pito.
El se puso abajo y yo encima, me encantaba cada vez que introducía un poco su lengua, cuando me daba en un sitio en concreto me hacía ver las estrellas.
Me introduje su pito en la boca, hasta ese momento no había notado lo suave y caliente que estaba el pito, ni el sabor que tenía, antes lo había chupado porque estaba obligada, pero ahora que lo hacía porque quería y lo sentía, era completamente diferente.
Ahora era diferente no quería dejar un solo milímetro sin haberlo chupado.
De vez en cuando no podía evitar dejar escapar un gemido de placer.
Sentía ganas de hacer pipi, pero intenté aguantar.
Al final le dije a Carlos que tenía que hacer pipi que no aguantaba más y me dijo que no me preocupara y siguió chupándome la cuquita.
No pude aguantar más y me hice pipi a la vez que un place inmenso llenó mi cuerpo.
Un grito de felicidad plena de un placer inigualable salió de mi garganta, notaba como unas gotas de un liquido brotaba de mi cuquita.
Mi hermano sacó su pito de mi boca y me miró radiante, me dijo felicidades hermanita acabas de tener tu primer orgasmo.
Me besó apasionadamente, y para cuando quise darme cuenta tenía su pito en mi interior, lo había hecho con mucho cuidado.
Todo aquello era tremendamente especial para mí.
Los besos, las caricias, el orgasmo, y ahora como me estaba haciendo el amor, con esa ternura con ese cariño, con miedo de hacerme daño.
Justo hacía media hora me lo había hecho sin importarle nada.
Que extraño y maravilloso era todo.
Su pito entraba y salía de mi interior despacio para volver a introducirse dentro lentamente.
Una mirada besos caricias mientras su pito salía y entraba dentro de mí.
Lo quería todo en mi interior.
Yo gemía y le decía que lo quería todo dentro y más fuerte.
Carlos sin pensárselo dos veces empezó a empujar mucho más fuerte, entraba y sacaba su pito mucho más rápido de lo que lo había estado haciendo.
El placer aumentaba por momentos a medida de sus embestidas.
Mis gemidos eran más sonoros y mi placer era inmenso.
Los dos parecíamos apunto de encontrar el placer absoluto.
A mi me estaban entrando las mismas ganas de hacer pipi que momentos antes, cuando tuve el primer orgasmo.
El empezó a gemir mucho más fuerte y a empujar con todas sus fuerzas hacia mi interior.
Los dos llegamos al orgasmo en el mismo momento, los dos gritamos de placer a la vez y nuestros líquidos se mezclaron en mi interior.
Los dos permanecimos unidos jadeando y acariciándonos mientras no parábamos de besarnos.
Carlos sacó su pito de mi interior, yo comencé a chuparle pito y le quité cualquier resto de su delicioso manjar.
Era la primera vez que me penetraban y no me sentía sucia, todo lo contrario, me sentía radiante, feliz, contenta, eufórica.
Nos quedamos en la cama durante un buen rato, los dos completamente desnudos, besándonos, mirándome a los ojos me dijo que me quería muchísimo, y desee que no acabase nunca.
Nos vestimos por el miedo a que llegasen nuestros padres y hermanos y nos dirigimos a la sala, de vez en cuando nos mirábamos, nos tocábamos, nos besábamos o tal solo reíamos.
Pasamos toda la tarde en casa.
Por la noche salí a dar una vuelta con mis amigas hasta las diez, que era mi hora tope para llegar a casa.
Cuando llegué tenía la cena esperándome, y tal como me la terminé me mandaron a dormir.
Aquella noche no fue diferente a la anterior, sobre las cuatro de la mañana mi padre entró en la habitación, se tumbó a mi lado y me dijo que me quería mucho mientras me tocaba la cuquita.
Le pedí que se fuese con la excusa de tener mucho sueño, él me dijo que durmiese que solo quería hacerme feliz.
Notaba como su pito crecía a mi lado, en su mano tenía un bote de vaselina, lo destapó y se lo untó en un dedo, para después desplazarlo hasta mi culito.
Me abrió el culo y me fue metiendo el dedo lentamente hasta haber logrado tener todo su dedo dentro de mi culito.
No pude reprimir el deseo de estar con Carlos en ese momento.
Me dijo que me pusiese a cuatro patas, me puso la punta de su pito en la entrada de mi culito.
Fue empujando hasta que logró que la punta de su pito morada e hinchada entrase en mi culo.
Me dolía muchísimo, era un dolor muy agudo, no entendía porque me dolía tanto si esa misma tarde Juan me la había metido por el mismo sitio.
Sin hacer mucho caso a mis lamentos y suplicas de que me estaba doliendo, me lo introdujo en dos empujones fuertes, sentía como su pito atravesaba mi culo, recuerdo que cuando me sacaba el pito para volver a metérmelo, sentía que no tenía culo, como si lo tuviese abierto de par en par.
Mi padre sin embargo seguía introduciéndome su pito y volviéndolo a sacar, yo me acostumbré a que me penetrase, y simplemente hacía lo que me dijese, intentando disfrutar de todo lo que me estaba haciendo.
No sé cuanto tiempo me estuvo penetrando por detrás pero por fin se corrió dentro de mi culito.
Tal como mi padre se fue a su cama y yo me limpiaba de líquido mi culito y mis muslos.
Al regresar al dormitorio, me lleve una grata sorpresa, todos mis hermanos estaban esperándome en la habitación.
Carlos cuando me vio me abrazó muy fuerte y me besó apasionadamente.
Mi hermana Rocío nos miraba sonriente, y mi hermano Francisco nos miraba confuso.
Bajamos los cuatro a la sala, nos quedamos mirándonos los unos a los otros, Rocío se acercó a mí y me preguntó si me había gustado lo que papa me había hecho.
Le dije que un poco, que había disfrutado mucho cuando me dejó de doler.
Rocío dijo que a ella le gustaba mucho cuando papa se la metía por el culito, pero no le gustaba mucho cuando se la metía por el chito.
Yo podía imaginar el motivo, Rocío solo tenía seis años y un pito como el de papa le tenía que destrozar por dentro, pero también el culito y sin embargo a ella le encantaba.
Le pregunté a Fran si a el también le hacía cosas.
Me dijo que si que a el también le metía la polla por el culo.
Todos hablamos sobre lo que nos había hecho y lo que nos hacíamos los unos a los otros.
Descubrí que en mi casa no éramos Carlos y yo el único romance que había Fran y Rocío también sentían cosas el uno por el otro.
Carlos lo había hecho con los tres, con Rocío y con Fran.
A Fran solo le faltaba hacerlo conmigo al igual que le pasaba a Rocío.
Sabia lo que estaban pensando todos, querían hacerlo conmigo, Carlos no se separaba de mi lado.
Carlos me preguntó en que estaba pensando.
Le dije que no tenía muy claro quererlo hacer con mis dos hermanos, aunque Fran era algo mayor que yo, Rocío solo tenía seis años.
Y aparte no sabía si por ellos podía sentir lo mismo que sentía por Carlos.
Carlos se encargó de disipar todas mis dudas, le sacó el pito a mi hermano Fran, mucho más chico que el de mi hermano Carlos, y además no tenía un solo pelito.
Carlos comenzó a chupársela, Fran se dejó caer en el sofá mientras Carlos le chupaba el pito.
Era extraño ver a mis dos hermanos teniendo sexo.
Rocío se aproximó a Carlos y le empezó a tocar el pito.
Mientras le estaba tocando el pito se fue desnudando ella, y después ayudó a Carlos y a Fran a desprenderse de sus calzonas.
Estaban los tres completamente desnudos y Carlos me tendió la mano para que me uniese a ellos.
Sin pensármelo dos veces me quité el camisón dejando mi cuerpo al desnudo y a las caricias de mis tres hermanos.
Fran tiró de mi hacia el, casi me caigo encima suya, justo cuando había quedado medio recostada en el sofá junto a Fran, varias manos comenzaron a tocarme, Fran intentaba besarme, Rocío me tocaba la cuquita y Carlos indagaba en mi culito.
Me dejé besar por Fran, pese a sus Diez añitos, lo hacía verdaderamente bien, solo me habían besado tres veces pero me gustaba mucho como me besaba.
Carlos estaba chupándole el pito a Fran y mientras tanto me introdujo un par de dedos en mi culito mientras que al mismo tiempo Rocío me estaba chupando la cuquita.
La verdad que estaba disfrutando muchísimo con mis hermanos.
Pero toda felicidad tiene su fin, sin darnos cuenta, sumidos en la felicidad en el placer y en la satisfacción total no nos dimos cuenta de tener un mirón.
Allí estaba nuestro padre completamente desnudo con su pito completamente grande mirándonos.
Sinceramente, creo que a ninguno de los allí presentes nos importó,
Carlos se sentó en el sofá y dejó que Rocío le chupase el pito, mientras Fran me chupaba la cuquita.
Mi padre se acercó a nosotros y comenzó a tocar a Fran y a Rocío.
Yo seguía extasiada con todo lo que estaba ocurriendo.
Entre lo que me habían estado haciendo mi queridísima hermana Rocío y ahora mi hermano Fran, me estaba llevando al clímax total, mis gemidos que intentaba ocultar se estaban haciendo audible, y mi impresión de orinarme encima me estaba llegando como si de un torrente se tratase.
Todos parecieron darse cuenta de mi situación, porque mi hermano Fran me chupaba mucho más fuerte y rápido mi hermano Carlos me miraba con un sonrisa en la cara y mi hermana Rocío se apresuró a darme el beso más maravilloso que me habían dado.
No tardé mucho en terminar en la boquita de mi hermanito.
Todos se dieron cuenta de lo sucedido, mi hermano Fran con su pito bien durito me lo introdujo en mi cuquita.
Era extraño, sentía su pito en mi interior, me daba placer, pero no como me lo había estado dando mi querido hermano Carlos.
Mi hermano Carlos me introdujo su pito en mi boca, y se lo empecé a chupar, sin dejar milímetro alguno.
Mientras mi hermanita Rocío estaba completamente abierta de piernas y mi padre chupándole su cuquita.
Jamás pude imaginar hasta ese momento que podría disfrutar de mi padre como lo estaba haciendo, aunque no me estaba tocando, me excité al ver a mi hermana gozando y gimiendo como nunca la había visto.
Mis dos hermanos no paraban de meterme sus pitos en mi interior, aunque Fran ponía todo su empeño apenas me hacía vibrar, me encantaba saborear el pito de Carlos.
Las dos gemíamos de placer, yo gemía más por el placer de estar chupándole el pito a Carlos, que de sentir como Fran me penetraba con su pequeño pito.
Vi como papá, dejaba de chuparle la cuquita a mi hermana y ponía en su entradita la punta de su enorme pito.
Empezó a empujar, y la carita de mi hermana se iba contorsionando por momento, el pito de mi papa estaba entrando en su pequeña cuquita, esta estaba completamente abierta y dejando entrar aquel enorme trozo de carne que se le estaba introduciendo.
Mi hermano Carlos me sacó el pito de la boca y me pidió que me sentase sobre el, sin pensármelo me saqué el pito de Fran de mi cuquita y me senté sobre el, descubrí para mi sorpresa que Carlos no me la quería meter en mi cuquita, si no que me la quería meter en mi culito.
Me la fui introduciendo lentamente en mi culito, me encantaba sacármela y volver a metérmela hasta el fondo.
Mi padre ya se lo estaba haciendo a mi hermanita, se la metía hasta el fondo y se la volvía a sacar.
Ella estaba gozando y no paraba de gemir.
Si he de ser sincera, sentía envidia, de mi hermana estaba deseando de tener la polla de papa en mi interior.
La verdad que no se exactamente que pasó pero mi padre se la sacó a mi hermana abrió un armario y de ese armario abrió creo que otro armario y sacó cuatro consoladores muy grandes. Se dirigió hacia mí y me penetró por completa en dos empujones.
Nunca había estado más tirante en mis partes.
Mi hermano Carlos me estaba penetrando por el culo mientras mi padre por mi cuquita.
Fran y Rocío se estaban chupando sus partes mutuamente.
Mi padre les dio tres consoladores y pronto estaban metiéndose los tres consoladores. Rocío tenía dos consoladores en sus adentros uno en su culito y el otro en su cuquita, mientras Fran tenía uno en su culito.
Los dos se metían los consoladores y se los sacaban mutuamente.
Sus caras reflejaban estar gozando con sus juguetes.
Yo no sabía si lo estarían pasando tan bien como yo, pero desde luego yo estaba gozando como nunca.
Mi hermano Carlos dijo que estaba apunto de correrse, y mi padre le dijo que me la sacase del culo y que me la metiese en la boca.
A mi me dio un poco de asco chupársela después de habérmela metido por el culo.
Carlos me la sacó del culo, mientras mi padre con el último consolador que había sacado me lo fue introduciendo lentamente.
Este era inmenso, era el doble de grande y gordo que el de mi padre.
No voy a decir que no me dolía ni que me entrara a la primera, porque mentiría.
Intenté metérmelo pero no me cabía de ninguna forma.
Mi padre me la sacó por completo y fue a buscar el bote de vaselina, me lo untó en el culito y después untó el consolador. Pareció que había puesto kilos de vaselina en el consolador, este tenía trozos de vaselina sin untar.
Intenté introducírmelo otra vez, me fui sentando lentamente sobre el consolador, todos estaban expectantes, por si conseguía meterme aquel trasto.
Mi ano se abría pero no lo suficiente para que aquella bola entrase en mi culito.
Mi padre se fue y trajo un botecito muy pequeño y me dijo que lo aspirase un par de veces.
Así lo hice, olía muy fuerte, me sentí algo mareada, lo volví a intentar y para mi sorpresa esta vez si me entró, me enterré hasta el fondo aquel trasto, no sabría decir si me gustaba o no pero era excitante tener aquello dentro de mi,.
Mi padre empezó nuevamente a meterme su pito en mi cuquita., me molestaba bastante, el consolador lo tenía hasta el fondo, y su pito me entraba justo, su pito y el consolador me atravesaban y podía notar como la fina pared que los separaba estaba a punto de romperse.
Mi hermano Carlos me la metió en la boca, no lo podía creer en dos días me la habían metido seis veces.
Cuando podía le echaba una ojeada a mi hermana Rocío y a Fran.
Me encantaba verlos con sus agujeros completamente llenos.
Estaba excitadísima, mi padre a la vez que me metía su pito decidió ir moviendo el consolador.
Me encantaba sentir esos tres pitos en mi interior aunque uno de ellos fuese de goma.
No tardé en mojarme otra vez.
Mi padre tampoco tardó mucho en llenarme la cuquita de su líquido blanco y espeso.
Cuando me la sacó le dijo a Rocío que me chupase el chito y toda su leche.
Notaba como su líquido empezaba a resbalarse hacia el exterior.
Rocío se arrodilló y comenzó a chuparme la cuquita, era delicioso sentir su lengua recorriendo cada rincón.
Rocío seguía lamiéndome cada rincón, mientras mi padre le seguía sacando y metiendo los consoladores.
Yo no podía dejar de gemir.
Mi hermano Carlos me empezó a bombear en la boca y después noté como su chorro de líquido caliente inundaba mi boca.
Estaba buenísimo, me encantaba su sabor, le limpié su pito de restos de ese líquido y se puso las calzonas.
Mi padre y Carlos ya habían terminado, pero la verdad que no quería parar.
Rocío seguía chupándome la cuquita mientras yo le chupaba el pito a Fran.
Me encantaba meterle y sacarle el consolador por el culito a Fran.
Me encantaba lo que estábamos haciendo.
Me volví a correr y sentí, un cansancio tremendo.
Estaba muerta pero quería seguir.
Fran se dio cuenta y me dijo que lo dejábamos para otro momento.
Pero yo seguía chupándosela.
Me dijo que parase que le estaba entrando cosquillas.
Para cuando quise darme cuenta Fran se había corrido por primera vez en mi boca.
Me saqué el consolador, mi hermana y mis hermanos dejaron escapar una queja de dolor.
Cuando me toqué, noté que tenía un gran agujero en el culo.
Nos pusimos los camisones y ellos las calzonas. Y nos fuimos a dormir. Aquella noche Rocío durmió conmigo. Nos llevamos el consolador con nosotras y lo estuvimos utilizando, metiéndonoslo por la cuquita.
Me sorprendió la facilidad con la que Rocío había conseguido introducírselo.
Permanecimos un buen rato con el consolador hasta que las dos quedamos extasiadas y nos dormimos abrazadas.
Pero antes guardé el consolador.
Cuando llegamos a Sevilla y hubo terminado el Verano llegó la monotonía del colegio, lo único bueno que tenía era que Alberto el amigo de mi padre volvía a venir a casa asiduamente.
Y ahora que sabía como seducir a un hombre con tan solo ocho añitos estaba decidida a hacer el amor con él.
Un día llegó Alberto a casa, mi madre no estaba y mi padre había salido un momento a comprar tabaco, estaba sola con Fran.
Le dije a Alberto que entrase, que mi papá regresaría en un momento.
Mientras tanto como siempre me subí encima suya y sin que se diese cuenta me fui frotando mi pequeño chito con su rodilla.
Sin pensármelo dos veces le agarré su pito o el bulto donde debía estar.
El hizo como si no se diese cuenta, mientras tanto yo le fui tocando hasta encontrarlo, y lo agarré como pude sobre sus pantalones.
El seguía sin decir nada, pero su respiración se agitaba por momento y su pene se endurecía a medida que le tocaba.
Sin pensármelo dos veces hice como si la falda que llevaba se me subiese. Solo dejándome en braguitas sobre el.
El como si la cosa no fuese con el, me empezó a tocar las piernas hasta llegar a mi chito.
Le acerqué la cara a la suya hasta estar a punto de tocarnos con las narices. Mientras le sonreía, el me dio tan solo un piquito, yo me abalancé sobre el y mientras nos besábamos le fui bajando la bragueta de los pantalones.
Mi mano se introdujo ágilmente bajo sus calzoncillos y por fin palpé aquello que tanto anhelaba.
Justo cuando por fin lo agarré bien y se la saqué de los pantalones, el me apartó y me dijo que ahora no podía ser, que mi padre estaba por llegar de un momento a otro.
Antes de intentar guardársela, pude introducirme en la boca parte de su enorme pene.
El por un momento estuvo dudando si dejar que se la chupase un ratito más.
Pero en ese preciso momento llegó mi padre y nos pilló en pleno acto.
Yo en ese instante tenía las braguitas por las rodillas, y el pito de Alberto en la mano.
Arriesgándome a lo que mi padre me pudiese hacer o pudiese decir, me volví a introducir el pito de Alberto en la boca, que había disminuido de tamaño.
Alberto intentó zafarse de mí, pero yo me negaba a perderlo.
Sin embargo Alberto intentaba disculparse con mi padre e intentando zafarse de mí.
Le dije a Alberto que se relajase que no pasaba nada.
Alberto estaba blanco, mientras mi padre estaba mirándome sin saber muy bien como reaccionar.
Fue mi padre el que dirigió hacia mí y empezó a tocarme el chito, mientras yo seguía intentando chuparle el pito a Alberto.
Mi padre le dijo que se relajase que la chupaba muy bien. Alberto asombrado con lo que acababa de oír se dejó hacer mientras yo le chupaba su enorme pito.
Mi papá me hurgaba en el chito y en el culito, mientras me decía que me terminase de quitar las braguitas.
Me encantaba tener para mi solita dos hombres como papa y Alberto.
Mi papá empezó a chuparme el chito, mientras Alberto empezaba a embestirme la boca.
Mi papá se desnudó por completo y colocó la punta de su enorme pene en mi chito. Alberto quedó expectante al ver que mi padre empezaba a penetrarme.
Pude ver a Fran espiándonos.
Mi padre me penetró de golpe, me dolió un poco, pero pronto me acostumbré a tener el pito de mi padre en mi interior.
Alberto empezó a acariciarme el culito y a introducirme un dedo hasta terminar con tres.
Yo seguía chupándole el pito de Alberto que cada vez me embestía la boca con más fuerza.
De pronto me la sacó de la boca y le dijo a mi padre que me quería probar el culito.
Mi padre me la sacó y llevándome de la mano se tumbó en el sofá y me dijo que me subiese encima de el.
Alberto perplejo con la actuación de mi padre se colocó encima de nosotros y busco mi culito con la punta de su pito.
Enterró de golpe su gran pito en mi culito y me encantó aunque me dolía porque estaba completamente estirada para dar paso a aquellas dos barras de carne que me estaban atravesando.
Los tres gemíamos sin parar, los tres gozábamos sin parar, llamé a gritos a Fran que seguía espiándonos.
El entró en la habitación tímidamente y le dije que se desnudase.
El se desnudó y me metí la pollita sin pelos en la boquita.
No lo podía creer tenía tres pollas de verdad en el interior la de mi padre la de Alberto y la de Fran.
Los tres me embestían con mucha fuerza, y los cuatro gemíamos de puro placer. Mi padre de pronto nos dijo a todos que parásemos.
Todos lo obedecimos sin rechistar.
Todos me sacaron sus pitos de mi interior y sentí como si me quedase vacía.
Mi padre se fue mientras yo empecé a chuparle el pito a mi hermanito.
Alberto tampoco perdió el tiempo y me tiró hacia el sofá y me empezó a penetrar el chito.
En ese instante llegó mi padre con la cámara de video y el trípode. La puso a gravar y volvió con nosotros, esta vez el me penetró el culito.
Nuevamente los cuatro empezamos a gemir de puro placer.
Ya notaba como me corría con las embestidas de Alberto y de mi padre.
Mientras papá decía que me gustaban las pollas grandes y que me iba a enterar lo que era follar con pollas grandes.
Los tres cada vez me embestían cada vez más fuerte, yo gemía de placer y de dolor, tanto mi cuquita como mi culito estaban completamente abiertos.
Mi padre no tardó en terminar dentro de mi culo, notaba como su leche calentita entraba a chorros dentro de mí.
Alberto tampoco tardó en llenarme de leche mi cuquita, los dos habían exprimido bien sus pitos dentro de mí, y tenía todos mis bajos y el sofá lleno de leche.
Los dos se quedaron mirándome, como si no entendiesen algo.
Mi hermanito Fran empezó a gemir muy fuerte y de su pito empezó a salir leche, pero no con tanta intensidad como papá, Carlos o Alberto.
Mi hermano se quedó a mi lado, una vez que ya se hubo corrido en mi boca.
Nos quedamos acariciándonos mientras papa y Alberto nos miraban, con curiosidad.
Yo seguía recostada en el sofá con las piernas entreabiertas mientras aun emanaba leche de mis bajos.
Fran de vez en cuando me toca en mis partes y me introducía un dedito suyo.
Yo lo dejaba hacer mientras sonreía y los miraba.
Yo deseaba repetir, y al parecer ellos también, porque sus pitos volvía a tener un tamaño considerable.
Le agarré el pito a papá y me lo introduje en mi boca, mientras a Alberto se la empezó a chupar mi hermanito.
De pronto se abrió la puerta, mi hermano mi padre y yo temimos que fuese mi madre, pero para nuestra gran sorpresa solo eran Rocío, Carlos y Juan.
Los tres se quedaron mirándonos, hasta que mi padre les dijo que pasasen.
Mientras Fran le decía a Alberto que no pasaba nada y seguía chupándole la polla. Mi padre cogió como pudo a Rocío de un brazo y la empezó a toquetear desnudándola.
Carlos también empezó a desnudarse a medida que también desnudaba a su amigo Juan.
En breve estábamos cinco chicos y dos chicas completamente desnudos.
Mi hermano Carlos mientras desnudaba a su amigo, empezó a engullirle el pito, a lo que su querido amigo no se opuso.
Todos los hermanos estábamos chupándole el pito a otro excepto Rocío que solo estaba siendo tocada por mi padre y Alberto que se le había unido.
Mi padre me sacó el pito de la boca y lo puso en la entradita de mi hermanita.
Que ya se había restado a mi lado, pese a su corta edad, sus labios vaginales se abrieron perfectamente para que el pito de papá entrase en su interior.
Juan y Alberto quedaron asombrados al ver como la barra de carne que tenía mi padre por pito, se enterraba en las entrañas de mi hermanita.
Alberto se la sacó de la boca a mi hermano Fran y se sentó conmigo encima, clavándome todo su pito en mi culito.
Carlos, Fran y Juan se quedaron mirándonos, pero pronto todos ellos se dispersaron y tanto Juan como Carlos decidieron follarme mientras Fran se fue hacia Rocío.
Juan se inclinó como pudo sobre mí e intentó penetrarme, pero hasta que Alberto se tumbó algo más no consiguió penetrarme, mientras que Carlos me la introdujo en la boca.
Nuevamente tenía tres pollas dentro de mi y mi hermanita que estaba a mi lado solo tenía dos pues Fran se la estaba metiendo por el culito.
Los siete gemíamos de puro placer, Juan me tocaba por todos lados y me decía que le estaba dando mucho gusto y que desde que me enculó deseaba follarme otra vez.
Mi padre mientras penetraba a mi hermanita empezó a besar apasionadamente a mi hermano Fran.
Aunque estaba disfrutando muchísimo de las tres pollas que me estaban penetrando duramente, no me sentía cómoda, a pesar de la posición con la que no me encontraba cómoda había otra cosa con la que no me sentía a gusto, Juan olía francamente mal, y aunque me encantaba como me follaba su olor me daba mucho asco.
Los tres que me follaban lo hacía cada vez con más brusquedad sobre todo Juan.
Mi padre en cambio se la sacaba a mi hermanita y de un solo golpe volvía a introducírsela de golpe mientras mi hermana se abría aun más de piernas y su conejito, mientras se mordía el labio.
Juan empezó a correrse en mi interior mientras gemía con fuerza, lo cual fue todo un alivio para mí.
Pues ya no tendría que aguantar más su hedor.
Notaba como me chorreaba su leche por mi interior.
Las embestidas de los otros cuatro eran más mucho más fuertes, o al menos las mías, pero al ver como embestían a mi hermana también debían ser brutales.
Las dos gemíamos de puro placer, mi hermano Carlos me embestía con tanta brutalidad que pensé que me rompería la boca, pero en su lugar me la llenó de leche, y en abundancia.
Solo quedaba Alberto que empezó a metérmela por el chito introduciéndome todo el esperma de Juan en mi interior.
Mientras mi padre acababa de correrse en el interior del chito de mi hermana que seguía cabalgando sobre el pito de mi hermano Fran.
Carlos, Juan y papá nos miraban a las dos como éramos folladas.
Mientras Alberto me follaba yo me decidí a lamerle el chito a mi queridísima hermana.
Le lamía los restos de leche que aun le salían.
Fran y Alberto prácticamente terminaron a la vez llenándonos a las dos con sus leches.
Las dos nos quedamos tendidas mientras nos acariciábamos mientras Alberto comenzaba a vestirse.
Tras aquella tarde, tanto mi padre como Alberto me tuvieron muy ocupada llevándome con ellos y otros muchos hombres que también traían niñas y niños, para follar.



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